THINSPIRATION: ¿Tendencia o Trastorno Social?

Autor: Benjamin Malik | Visitas: 5,061 | Fecha: 15/01/2014 1:28:55 pm

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Existe un creciente fenómeno en Internet relacionado con el culto al cuerpo, que se ha transformado en uno de los trastornos sintomáticos de nuestra época: Thinspiration o thinspo, que es un lema originalmente concebido por el movimiento de “Body Positive”  pero que se ha agravado, en gran medida, por el imperio de la imagen que modela un ideal de la belleza: Mujeres de todo tipo de edades y niveles socioeconómicos que publican en sus redes sociales, fotos de ellas mismas o de esbeltas modelos como “inspiración” para lograr la ansiada meta de adelgazar y tener un cuerpo con delgadez extrema, aproximándose de manera peligrosa a diversos desordenes alimenticios. Otras vertientes de éste fenomeno se han hecho manifiestas en taglines como Thigh Gap (El espacio entre los muslos) o Bikini Bridge (El puente de bikini). Detrás de esta tendencia existe toda una maquinaria del deseo y objetificación del cuerpo.

Este ideal se ha construido enalteciendo los cuerpos femeninos delgados, asociando este tipo de “belleza” con una serie de efectos positivos, incluyendo la felicidad, la auto-confianza, el éxito romántico y la atracción sexual. La abundancia de la imagen en la comunicación masiva, donde se ha diluido la frontera entre el entretenimiento y la publicidad, hace que la mayoría de las personas del planeta consuman permanentemente ideales de estilo de vida que prometen recompensas, los cuales son representados por “modelos” que, como la palabra sugiere, debemos de imitar.

En nuestra sociedad la belleza se confunde con el deseo; ya no es la expresión estética en sí misma, para su propio goce o el goce del sujeto, se inscribe como una divisa en una relación de intercambio. Ser bella (o ser sexy) es sobre todo una forma de producir deseo. Esto no es una aberración o un trastorno de la naturaleza: somos seres sociales que buscan la aceptación y validación, ser deseados es un símbolo de pertenencia. Pero, aunque la belleza siempre ha sido una moneda de cambio en relaciones de poder, sólo hasta nuestra época se revela como un medio dirigido a generar una utilidad, otro medio para conseguir lo deseado –como si a través de conseguir la figura humana idealizada lograremos obtener la felicidad y al contrario, no obtener esta belleza se convierte en la causa de mucho sufrimiento.

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Muchas personas logran liberarse de los condiciones sociomediáticas y viven su vida plenamente sin tener que ajustarse a la serie de ideales o imperativos categóricos de la sociedad de consumo. Pero para muchas otras, especialmente para las mujeres adolescentes, la  saturación de imágenes idealizadas de la belleza se traduce en una presión que fragmenta su personalidad, generando insatisfacción e inseguridad, una discrepancia continua entre cómo se ven y cómo se quieren ver. Esta discrepancia traza una brecha muchas veces insalvable ya que el ideal al que aspiran es prácticamente inalcanzable –ya sea por cuestiones genéticas o porque las mismas imágenes que usan como inspiración son alteradas digitalmente o parte de una producción y un entorno que magnifica su valor estético.

La imagen, sin un contexto sólido de lo que representa, tiende a la irrealidad y en su persecución produce un castigo místico, ya que cada vez que se acercan al objetivo deseado, éste se aleja otro poco. Los medios masivos someten a una tautología de la irrealidad –en tanto a que no es un reflejo de la realidad de la audiencia sino que seduce hacia una realidad supuestamente superior, aspiracional, que brinda a cambio de una serie de patrones de consumo. Por ejemplo, el 94% de las mujeres que salen en televisión son más delgadas que la mujer promedio. Esto incrementa el ideal de la belleza delgada, especialmente contrastada con la realidad nacional de países que padece altos índices de obesidad, se puede analizar la paradoja patológica: por un lado se exhorta a adelgazar por todos los medios posibles y por otro lado todo conspira a ver TV, al sedentarismo, a consumir y alimentarse de comida chatarra.

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La Asociación Americana de Obesidad (The Obesity Society), ha proyectado el número de mujeres insatisfechas con su imagen corporal, que es del 90% y se calcula que el 75% de las revistas para mujeres incluye por lo menos un anuncio o artículo de cómo modificar la apariencia a través de dieta, ejercicio o cirugías cosméticas. Según David Gardner, de la Universidad de Toronto, el número de artículos publicados que refieren a dietas se ha incrementado un 70% en los últimos años –algo que se explica por el hecho de que cuando las revistas incluyen la palabra dieta en su portada suelen vender miles de ejemplares más. La dieta, como el sexo, vende (lo que la dieta vende es sexo).

Al entrar al perturbador y tristemente seductor mundo del thinspiration uno se ve asaltado por innumerables imágenes de abdómenes evanescentes, diminutas cinturas, brillos en la piel, cadenas en el ombligo que hacen ecos visuales de las curvas del cuerpo, fotos del antes y el después que celebran la transformación, fotos de las hordas de Ana (término sublimado de Anorexia) y Mia (de Bulimia) con sonrisas radiantes, fotos de jugosas frutas y dietas, fotos de modelos sin rostro tomadas con sus smartphones contra el espejo, sólo con un torso exageradamente consumado, envidiable, y con el meme que ha crecido alrededor del thinspo llamado “thigh gap” (el espacio entre las piernas)

La tendencia del thinspiration, aunque tiene un claro y por momentos inevitable coqueteo con el trastorno alimenticio y con la disociación de la imagen corporal, no solamente tiene una connotación negativa, es un tema más complejo. Es innegable que para muchas mujeres que sufren de obesidad estos espacios digitales sirven de verdadera inspiración, en ocasiones se comparten tips saludables e historias de éxito, se forman comunidades que motivan y aconsejan. Aunque nos pueda parecer frívolo por momentos, el obtener una imagen que se ajuste a las constricciones de la belleza paradigmática puede rendir claros y duraderos beneficios en nuestra sociedad, el problema más agudo surge cuando no se tiene una estructura psicológica para trazar límites y para ser consciente de aquello que nos empuja a modificar nuestro cuerpo en primera instancia. De otra forma sobreviene rápidamente la alucinación anatómica: Estudios muestran que  el 84% de las personas que visitaron sitios pro-anorexia disminuyeron su ingesta de calorías, pero sólo el 56% percibieron esa reducción de calorías. (Probablemente después de leer ésta nota, muchas personas ajustarán su consumo de calorías.)

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Organizaciones como Pro-Thin y Pro-Ana Nation defienden que la “anorexia es un estilo de vida y no una enfermedad” y sostienen que el sobrepeso es desagradable y el control es hermoso. La proliferación de éstas organizaciones en pro del “thinspo” no puede entenderse sin las redes sociales en las que impera la imagen: Instagram, Pinterest y Tumblr se encuentran atestados de #tags y boards temáticos alrededor de la inspiración a adelgazar –muchos de los cuales contienen advertencias de organizaciones en contra de los desordenes alimenticios a un lado de las fotos que revelan el ideal de la belleza femenina de nuestra época hasta su paroxismo, en la propia histeria femenina que se contempla en un espejo distorsionado. Lo que no vemos son los cuerpos de las mujeres que suelen subir esas fotos, mujeres que son en cierta forma, víctimas de la angustiante máquina del deseo y de la objetificación del cuerpo como subproducto de un histórico y a veces insensible patriarcado.

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Justificado o no, el sobrepeso y la inconformidad anatómica a las convenciones estéticas, llega a generar una especie de paranoia que devora nuestra psique – genera que una persona se sienta permanentemente juzgada y desarolle una serie de inseguridades, al no poder cumplir con los requisitos percibidos de esa examinación incesante. La naturaleza de la patología hace que en muchos casos, sin embargo, cuando una persona baja de peso corporal, otro peso persiste: el peso imaginario como un miembro fantasma y la verdadera ligereza es inalcanzable (el malestar es más profundo y el peso es sólo su manifestación psicosomática).

Por más extraño que nos parezca ver a cientos de mujeres adolescentes publicar miles de fotos de modelos delgadas, el fenómeno obedece a una desviación o confusión de un deseo primordial: el amor, o en un sentido más burdo y reduccionista: la seducción. La antropología digital del thinspiration es a fin de cuentas una manifestación más de la gran grieta psíquica de nuestra existencia: las ansias amorosas que no logran expresarse más que como miedo (fruto de un antiguo rechazo).

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