Orgías: algunos puntos básicos

Autor: Amy Bellete | Visitas: 3,795 | Fecha: 18/03/2014 1:27:36 pm

romans

Lo primero: el sexo grupal no es para todos.

Sabiendo eso, hay que decir que desde la Antigüedad el sexo en grupo ha sido una forma de convivir, de celebrar: la única diferencia básica entre una fiesta “normal” y una orgía es que la gente que asiste a la primera muchas veces piensa que conocerá a alguien con quien se irá después de que la fiesta termine; pero en el caso de la segunda, no es necesario irse.

Se trata de una de las fantasías sexuales más comunes, y sin embargo, una a las que muy pocos se atreven. La palabra viene del griego ωργια, una fiesta en honor a Dionisos, el dios del vino, que para los romanos se llamó Baco y dio origen a la fiesta de las Bacanales, donde los adeptos bebían y se dejaban poseer por dicho dios.

Por principio, si decides asistir u organizar una orgía es necesario que las y los participantes sepan de antemano de qué se trata. Puede que no a todos les resulte cómoda la idea de llegar a una fiesta y encontrar a mucha gente desnuda… a otros sí.

Como en toda fiesta, algunos preparativos de rigor son indispensables: una mezcla de conocidos y desconocidos dispuestos a pasar un rato divertido de esparcimiento sexual, muchas bandejas de comida y bebida que uno pueda tomar con sus propias manos (una orgía es el non plus ultra de sírvase usted mismo), y siempre es un detalle elegante tener preservativos de reserva para todos.

Luces bajas, música agradable, habitaciones privadas y espacios comunes y ya estás listo(a).

La vista de cuerpos sinuosos moviéndose rítmicamente puede ser estimulante en sí mismo: como en una fiesta religiosa, los participantes se encuentran en un estado mental de apertura y comunión, de festiva participación. Para ayudar a los tímidos y guiar a los indecisos, pueden establecerse diversos tipos de juegos sexuales: desde el strip-poker (un juego de cartas donde los participantes, al perder, se van despojando de la ropa y el pudor) hasta juegos más extremos, donde se aliente –sin forzar a nadie– la participación de todos.

La diferencia entre una fiesta que evoluciona hacia el sexo grupal y una orgía, propiamente dicha, es la planeación: en algunos casos se coloca una palabra de emergencia en algún lugar visible, y todos los asistentes deben conocerla. Se trata de un acuerdo entre adultos, y si alguien dice esa palabra (que puede ser desde “fresa” hasta “Francia”, el caso es que todos la conozcan) es como un semáforo en rojo o una señal de alto. La química, en todo caso, hará que las cosas salgan bien.

Es importante también establecer que el asistir a una orgía no es el equivalente a querer participar de todo. Pueden organizarse juegos o cada persona puede hallar su camino entre el laberinto de cuerpos, pero decir no es un derecho que no prescribe en ningún momento: nadie tiene que hacer nada que no quiera. No basta decirlo una vez: una orgía es una celebración de los sentidos entre adultos responsables.

Nunca digas nunca.

Puedes leer más sobre la historia de las orgías aquí y aquí.

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